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Organizaciones “reptilianas”, donde abunda el miedo

Entrevista: Gallaretas




La palabra de un experto en liderazgo y trabajo en equipo. Bajar a la tierra cuestiones claves, para todos los días, que apuntan a un ambiente colaborativo, de confianza y compromiso.

Sergio Braggio vive en Tigre, provincia de Buenos Aires, desde fines de los 90’s, coach ejecutivo y Life mentor, speake y consultor internacional. Es experto en desarrollo de personas y equipos de trabajo. En pos de comenzar este 2018 con buenas herramientas para cumplir nuestras metas, conversó con Gallaretas sobre cuestiones organizacionales de las empresas: liderazgo, miedos, compromiso, confianza, espíritu colaborativo,… y otros conceptos que va hilando con delicadeza y claridad para explicar temáticas que conciernen a todos los equipos de trabajo, o más bien, equipos de personas con motivaciones e intereses. Es una alegría presentarlo en nuestra comunidad de lectores y darles la primicia de que va estar escribiendo una columna mensual para ampliar temáticas, que a las claras, no caben en un par de páginas.

¿Cómo estamos parados hoy, en 2018, en el mundo corporativo? ¿Cuál es el nuevo estilo de liderazgo?

Hemos llegado a una era donde está todo hecho. Y lo que aún no, la tecnología lo facilitará y acelerará los ritmos para logarlo. Entramos en la era del liderazgo del Ser. Hace unas décadas estábamos enfocados en el liderazgo del Hacer y del Tener. Pero si ahora los líderes de las organizaciones no se enfocan en un conocimiento profundo de cada uno de sus colaboradores, no van a tener los resultados buscados. Esto implica: conocer qué los motiva, conocer cómo piensan, (no qué piensan porque eso es imposible), algunos patrones de sus modelos mentales. En las organizaciones abunda la falta de compromiso, de confianza y de espíritu colaborativo. Mientras algunos sostienen que esa es la causa de los malos resultados, nosotros decimos que es una consecuencia de algo, porque nadie nació, o nadie se agenda no tener compromiso o no ser colaborativo. Hay contextos en las organizaciones, fundamentalmente de miedo, que hace que la gente “se cierre” en vez de abrirse.

Si este miedo funciona como una barrera, ¿cómo la traspasamos?

En primer lugar lo importante es entender que los miedos tienen trasfondos interpretativos: a lo que le tengo miedo es a una historia que me cuento. Cuando empiezo a desmenuzar, a detallar, a sacarle la carga a esta historia que me cuento, empiezo a no tener miedo, o por lo menos a disminuirlo significativamente. Un bebé cuando nace no tiene miedo de llorar, de alimentarse, de jugar. No se pregunta “qué dirán?” ni se autolimita a jugar y divertirse. Los adultos sí lo hacemos y esto tiene que ver con historias que nos hemos ido contando y dando como “leyes universales”… cuantas más herramientas, en la jerga las llamamos softskills o habilidades blandas, tengan los líderes, más van a poder escuchar empática y asertivamente a sus equipos de trabajo.

¿De qué modo operan estos mecanismos negativos, como el miedo, en cada uno de nosotros?

Cuando ante una idea que propongo me digo cosas como “¿qué van a pensar?”, “¿y si no les gusta?”, “¿y si pasa esto…?” todo eso va operando en una parte de nuestro cerebro, llamado “reptiliano”, de una forma bastante tóxica. Esta parte de nuestro cerebro lo único que quiere es sobrevivir, (“y qué mejor forma de sobrevivir que quedarme en mi zona de confort!”) ¿Por qué? Porque el reptiliano funciona de la misma forma hace millones de años. Si fuera por esta parte del cerebro, no quisiéramos emprender, ni compartir, ni regalar nada, ni abrirme a nada. Pero también, los seres humanos contamos con una parte más desarrollada de nuestro cerebro que se llama el “neocortex” que nos dice “podés alcanzar todo lo que quieras”, “podés ayudar a cualquier persona sin que te quedes sin algo”, “podés…podés y podés”. Sin embargo se trata de una gran disyuntiva: el reptiliano quiere quedarse quieto y la neocorteza quiere ir por más. O sea, son dos fuerzas en esta caja chiquitita de 1,300 kg que tenemos sobre nuestros hombros que son totalmente antagónicas. Las organizaciones, generalmente, suelen ser muy reptilianas… abunda mucho el miedo. Y el miedo es lo que nos hace chicos, nos conduce al mínimo esfuerzo, y cumplimos en vez de comprometernos. Cuando yo tengo miedo, cumplo, pero no me comprometo, voy a lo mínimo y necesario; para qué? “Para salvarme!” y esto ocurre en todos los niveles de la organización.

¿Cómo debería actuar un líder para evitar esta situación?

Para tener una conversación “difícil” con alguien del equipo, es importante preguntarse: ¿quién se va a sentar a hablar? Es decir, no me refiero a los nombres, sino “Qué Sergio va a entablar esta conversación…?” El colaborador necesita la mayor flexibilidad mental y emocional de parte del líder para que quiera abrirse y comprometerse, y en definitiva ser la mejor versión de sí mismo/a. Para esto, el líder debe estar apto para trabajar consigo mismo. Debe generar contextos de confianza y desde ya…cumplir con su palabra. En las organizaciones observamos que hay mucha promesa incumplida… Cada vez que prometo algo y no lo cumplo, la confianza que se tiene sobre mí, la voy deteriorando y entramos en un estado de “simplismo relacional”.

¿Cuál es la “debilidad” de las organizaciones hoy, que hacen que se deteriore esta confianza?

Siendo consciente del peso de la palabra, me animo a decir que hoy por hoy en las organizaciones encontramos dos grandes “tumores”, que pueden o bien trabajarse y desaparecer, o bien ser la causa de que una organización se enferme y cierre: el primero tiene que ver con que hay mucho más conflicto por las conversaciones no tenidas que por las conversaciones tenidas (el cerebro reptiliano las posterga por miedo); y el segundo gran tumor es que hay muchos líderes que están mas preocupados en ser queridos que en ser seguidos… y hoy la física cuántica puede demostrar que por cada segundo que espero el reconocimiento, hay 3 segundos que no estoy creando …No estoy diciendo que no nos guste el reconocimiento: una cosa es que nos guste y otra es que lo necesitemos. En esto, donde hay necesidad hay frustración asegurada.

¿Qué clave podés brindarnos para empezar a trabajar este tipo de problemáticas?

En primer lugar, vencer el miedo ¿cómo?: abrirnos, contar casos de éxito y de no éxito en las reuniones de trabajo. Es muy común en las áreas comerciales hacer clínicas de venta, promovamos clínicas de No venta también, es decir los negocios que no hemos concretado. Lo que debe preocuparnos no es la no venta, sino el no aprendizaje de esa no venta… que nos garantiza la repetición del error. Y la otra, establecer 100% discursos de protagonista: generalmente responsabilizamos al otro, “no me llamó”, “no me mandó un e-mail, “había mucho tráfico”, etc, etc. Más vale tener un espejo, somos expertos en poner el espejo en otro. La clave es conversar con la gente. Se que suena trillado, pero no nos queda otra que conocer al otro, saber con qué se automotiva, y por supuesto…qué nos motiva a nosotros.